La articulación de actores y la generación de capacidades para la gestión del riesgo de desastres, como prioridades de la inversión pública.
Por: Horacio A. Núñez T.
La incuestionable evidencia sobre los efectos e impactos del cambio climático, en las poblaciones de menores ingresos asentadas en zonas de mayor riesgo en nuestro país; nos plantea la impostergable necesidad de actuar, ya sea institucional como organizativamente.
Desde el sector privado vemos la limitación estructural del estado para contar con el personal calificado y de manera continua, para diseñar e implementar los planes, programas y proyectos pertinentes, para reducir la vulnerabilidad frente a la diversidad de peligros a que estamos expuestos.
La nefasta coyuntura política, demanda la atención permanente de nuestras autoridades, lo cual se traduce en la escasa (inexistente) voluntad política y postergación de las acciones de respuesta, frente a los impactos generados por el Niño Costero; las familias afectadas siguen esperando la acción del estado y un gobierno indolente.
Como podemos visualizar tanto en las áreas urbano marginales como en las poblaciones rurales, los niveles de pobreza y desigualdad se traducen en la ocupación de áreas de mayor exposición y vulnerabilidad: arenales, zonas de pendiente, franjas ribereñas, ecosistemas frágiles y áreas contaminadas; en donde l@s niñ@s y ancian@s son los más afectados.
Si bien a nivel teórico y conceptual, contamos con las políticas e instrumentos para la gestión del riesgo de desastres y una estrategia nacional de cambio climático, no se ha implementado el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (SINAGERD) ni el PLANAGERD. Frente a cada emergencia y/o desastre, se constituyen autoridades especiales carentes de los recursos y capacidades necesarias para tener una actuación eficiente y eficaz en los tiempos deseados.
Este año renovaremos nuestras autoridades regionales y locales, esperemos que sea una oportunidad para que los candidatos presenten propuestas y compromisos claros para enfrentar los riesgos de desastres, así como programas y proyectos para adaptarnos a los efectos del cambio climático.
Centrar los esfuerzos en el fortalecimiento de la institucionalidad, la creación de capacidades locales, la promoción de la organización y participación ciudadana; constituyen el foco de atención para la creación de una cultura de prevención; en donde los recursos humanos son lo fundamental.
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